En la primera parte de “El lado oscuro del corazón”, aquel éxito de los años ’90 de Eliseo Subiela, el personaje que encarnaba Darío Grandinetti utilizaba un artilugio que tenía instalado en su cama para que su compañera sexual de ocasión desapareciera en las profundidades. Más allá de que ese poeta buscaba a la mujer que “volara”, lo cierto es que no todos nos comportamos del mismo modo cuando termina una sesión sexual compartida.
Desde los estereotipos, se supone que los hombres se duermen, a causa de la relajación que sobreviene tras la eyaculación, mientras que las mujeres pretenden hablar sobre cómo la pasó cada uno o intercambiar mimos. En el portal Sexualidad de 10 se publica que “una investigación demostró que para que una persona alcance el orgasmo, un requerimiento esencial es que abandone toda clase de miedo o ansiedad”. Al hacer esto, hay que relajarse, lo que provoca sueño.
El modo de relacionarse ha cambiado mucho en los últimos, y la sexualidad no ha quedado fuera de estas modificaciones. Aunque en ciertos sectores más retrógrados pueda considerarse poco menor que inmoral que las mujeres se den el permiso de disfrutar de una noche de sexo sin compromiso, lo ciertos es que ambos géneros han logrado quedar en igualdad de condiciones. Ellos o ellas pueden salir raudos de la cama, darse una ducha y llamar un taxi para volver a casa.
Una experiencia solitaria
Uno de los puntos a tener en cuenta, cuando se aborda el comportamiento de cada persona luego de mantener relaciones sexuales, es que el orgasmo se experimenta en soledad. Se trata de una intensa sensación que se vive internamente y en forma individual, aunque se haya gozado plenamente del intercambio erótica con otra persona.
En el caso de las parejas con un tiempo considerable de convivencia o matrimonio, las cosas cambian. En los primeros tiempos de relación, cuando el enamoramiento está en su apogeo, parece no haber tiempos ni límites para el sexo. Luego del orgasmo se suelen dar naturalmente las caricias, las miradas embelezadas y las ganas de hacer el amor surgen nuevamente.
Por el contrario, cuando ya han pasado los años y la rutina cotidiana se ha trasladado a la vida sexual de la pareja, el comportamiento de ambos también se reproduce. El hecho de destinar los fines de semanas para el sexo o hacerlo con poco tiempo o con cansancio, tampoco ayudan.
Evitar ciertas actitudes
En la versión digital del diario español 20 minutos propone una lista de lo que no debe hacerse luego de practicar sexo: 
Dormirse.
Criticar la actuación del otro.
Atribuirse todo el mérito
Buscar excusas para irse inmediatamente.
Ponerse a hacer gimnasia.
Ponerse a trabajar.
Encender el televisor sin preguntar al otro si desea verlo.
Irse a la cocina a prepararse algo de comer sin ofrecer.
Levantarse de un salto y meterse en el baño.
El llamado after sex debe considerarse como parte de la sesión de sexo que cada uno, y cada una, elige disfrutar con la compañía de otra persona. De este modo, quizá se logre disfrutar de ese momento.






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